El sistema de Hansi Flick y la asfixia del 4-3-3 asimétrico
El Barcelona volvió a demostrar que el 4-3-3 de Hansi Flick es una máquina de presión, aunque ayer funcionó a dos velocidades. La clave fue el bloque alto y la capacidad de reducir el espacio de juego a apenas 30 metros. Esto impidió que el Kobenhavn pudiera salir de su área, registrando un dato demoledor: 0 remates a puerta del equipo danés. La transición defensa-ataque fue tan inmediata que el partido se jugó en un monólogo constante en campo contrario.
El factor Lamine Yamal y el enigma del primer tiempo
¿Por qué le costó tanto al Barça abrir el marcador? El mapa de calor del primer tiempo revela un embudo por el centro. El equipo abusó de la posesión horizontal y el Kobenhavn, con su bloque bajo, anuló las líneas de pase. La presión tras pérdida era buena, pero la generación de espacios era nula por la falta de desmarques profundos.
Todo cambió cuando Lamine Yamal tomó el mando. El joven extremo no solo fijó a los defensas en banda, sino que su «gravedad táctica» liberó el carril interior. Con 8 duelos ganados y un regate que rompió la línea de cinco del Kobenhavn, Lamine pasó de ser un espectador a ser el arquitecto de la remontada.

El FC Barcelona mostró dos caras muy distintas en el Spotify Camp Nou. Durante los primeros 45 minutos, el equipo sufrió una «parálisis por posesión». A pesar de tener el control, el ritmo de circulación era insuficiente para desordenar un sistema defensivo danés que acumulaba diez hombres por detrás del balón. La falta de agresividad en el último tercio y la ausencia de disparos de media distancia hicieron que el dominio fuera estéril, generando una sensación de atasco táctico preocupante.
El ajuste tras el descanso fue puramente posicional. Flick ordenó a los interiores (Olmo y Fermín) ocupar alturas distintas para generar dudas en las marcas del Kobenhavn. Esto, sumado a la presión asfixiante tras pérdida, provocó que el rival se resquebrajara físicamente. El Barça recuperaba el balón en zonas de alto impacto (Zona 14), lo que permitió que las transiciones fueran cortas y letales, castigando por fin la fatiga mental de la zaga visitante.

Lamine Yamal fue, una vez más, el factor diferencial que el Big Data no siempre alcanza a explicar con justicia. Sus conducciones hacia dentro no solo buscaban el disparo, sino que forzaban a los laterales rivales a abandonar su zona de confort. Al salir de su posición, el Kobenhavn dejaba huecos que Lewandowski y Raphinha atacaron con maestría. La influencia de Lamine se mide en cómo cambió el comportamiento defensivo del rival: pasaron de un bloque ordenado a un caos de ayudas constantes que terminó en los goles culés.
