MOSCÚ – En un giro sin precedentes que redefine los límites de la tecnología en el deporte de élite, el FC Sochi de la Liga Premier de Rusia ha anunciado el despido fulminante de su director técnico, el español Robert Moreno. Lo que inicialmente se reportó como una salida por resultados deportivos ha revelado una trama más profunda: el uso excesivo y negligente de inteligencia artificial generativa para la toma de decisiones estratégicas, convirtiendo al exseleccionador de España en el primer entrenador de alto nivel cesado por su dependencia de ChatGPT.
La investigación interna del club ruso estalló tras una serie de fichajes fallidos y decisiones tácticas que resultaron inexplicables para la directiva. Según fuentes cercanas al equipo, Moreno habría utilizado la IA no solo para redactar informes de ojeo, sino para planificar sesiones de entrenamiento y, de manera crítica, para validar la contratación de jugadores cuyos perfiles técnicos estaban distorsionados por «alucinaciones» del software. La sospecha se confirmó cuando se detectaron patrones lingüísticos idénticos a los de la herramienta en documentos confidenciales y planes de viaje logísticamente imposibles que el técnico presentó a la administración.
El caso de Moreno ha encendido un debate global sobre la deshumanización del liderazgo en el fútbol. Mientras que el análisis de datos (Big Data) es una herramienta estándar en la actualidad, el abuso de la IA generativa para delegar la intuición y el criterio profesional se percibe ahora como una negligencia profesional. En el Sochi, la desconexión entre las propuestas del algoritmo y la realidad del vestuario generó un clima de desconfianza que terminó por delatar al técnico, quien pasó de ser un pionero tecnológico a una víctima de su propia automatización.
Este cese envía una señal de advertencia a las ligas europeas y globales sobre la necesidad de regular el uso de herramientas digitales en los cuerpos técnicos. La caída de Robert Moreno en Rusia no es solo el fracaso de un proyecto deportivo, sino un recordatorio de que, en la máxima categoría del fútbol, la experiencia humana y el juicio crítico siguen siendo irreemplazables. Mientras los clubes invierten millones en tecnología, este incidente sugiere que el exceso de confianza en la máquina puede ser tan peligroso como la falta de innovación.
